La niña de las nubes
Cuando Sylvia llegó aquel día a casa acompañada de una especie de doble suyo, no supe qué decir. Desde luego, no me esperaba que trajese a una niña, y menos idéntica a ella. —¡Hola, mamá! —Dijo Sylvia alegremente—. Esta es Lucía. Vivía en una nube y se cayó. Somos iguales. ¡Es genial! ¿Puede ser mi hermana gemela? Me quedé más sorprendida aún tras la extraña historia. ¿Una niña en las nubes? Quiero decir, literalmente. Por otro lado, suponiendo que realmente viniese del cielo, era igualita a mi hija. No había ninguna diferencia. Incluso tenían la misma estatura. Entonces me planteé una pregunta: ¿Era posible que, sin saberlo, todos tuviésemos un doble que habitara en las nubes? Lo más loco que había escuchado en mi vida, o más bien pensado. —¿Mamá?—Preguntó Sylvia y sacudí la cabeza saliendo de mis pensamientos. —Eh... Hola, Lucía—contesté—. ¿Y vienes del cielo, dices? ¿Estás segura, segura? —Sí—contestó la niña—. Cada familia vive en una nube distinta y utilizamos pájaros para ir...