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La niña de las nubes

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Cuando Sylvia llegó aquel día a casa acompañada de una especie de doble suyo, no supe qué decir. Desde luego, no me esperaba que trajese a una niña, y menos idéntica a ella.  —¡Hola, mamá! —Dijo Sylvia alegremente—. Esta es Lucía. Vivía en una nube y se cayó. Somos iguales. ¡Es genial! ¿Puede ser mi hermana gemela? Me quedé más sorprendida aún tras la extraña historia. ¿Una niña en las nubes? Quiero decir, literalmente. Por otro lado, suponiendo que realmente viniese del cielo, era igualita a mi hija. No había ninguna diferencia. Incluso tenían la misma estatura. Entonces me planteé una pregunta: ¿Era posible que, sin saberlo, todos tuviésemos un doble que habitara en las nubes? Lo más loco que había escuchado en mi vida, o más bien pensado. —¿Mamá?—Preguntó Sylvia y sacudí la cabeza saliendo de mis pensamientos. —Eh... Hola, Lucía—contesté—. ¿Y vienes del cielo, dices? ¿Estás segura, segura? —Sí—contestó la niña—. Cada familia vive en una nube distinta y utilizamos pájaros para ir...

Paz en la galaxia

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Este cuento es un pequeño experimento. Es un vídeo-cuento. En el vídeo voy dibujando la trama mientras se escribe el cuento. Espero que esta especie de vídeo-cuento os guste. Lo he dividido en dos vídeos. La Cucaracha Val. P.D: ¡La semana que viene vuelve Lucía!

Duendes bajo la lluvia

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En una lejana montaña, en un recóndito castillo, habitaba una tribu de duendes de la música. Pero esta tribu era un poco diferente, pues en vez de tocar música, dibujaba disfraces a partir de los colores de la lluvia. Porque sí, la lluvia tiene colores. Un desgraciado día, sin saber nadie cómo o porqué, dejó de llover. Para los duendes, eso era un gran problema, pues su otra alternativa era tocar música, pero no les gustaba. Buscaron la lluvia durante meses, pero no hubo resultado. La mayoría ya empezaba a afinar sus instrumentos, pero un pequeño duende llamado Chipp, no se rendía.  Chipp hizo un mapa del lugar y marcó los sitios donde podía haberse escondido la lluvia. También escribió una lista de los motivos por los que podía haber dejado de llover. Hasta que por fin llegó a una conclusión. —¡La han robado! Pero, ¿quién y por qué? El duende elaboró una lista nueva con los motivos que podían haber impulsado a alguien a robarles su lluvia. No llegó a ninguna conclusión clara, y po...

Hermana gemela

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Sylvia  era una niña morena y muy simpática. Por donde pasaba se llevaba la tristeza y traía alegría y muchas sonrisas. Vivía en una casita en mitad del bosque con sus padres. Le gustaba mucho. Era muy tranquilo y no había casi ruido. Excepto cuando venía alguien a explorar el bosque. Entonces, Sylvia les guiaba y les enseñaba los tipos de plantas y animales que había en su bosque. También disfrutaba clasificando los grupos por niveles de ruido: familia con niños, medio; pareja, poco; observadores de animales, nada; grupos de turistas, bastante y adolescentes, un montón. Le gustaba su bosque sin personas, el aire que se respiraba, las estrellas que brillaban por la noche... No le hubiese importado vivir así para siempre. No le gustaban demasiado los cambios. Pero una lluviosa tarde, vivió un gran cambio. Aunque le gustó bastante. Era una tarde hermosa de mayo, y en la casita del bosque se celebraba un gran acontecimiento. Una fiesta, una alegre celebración: el cumpleaños de Sylvia....

El ingrediente mágico, parte dos: La casa

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Aquel día, Aleranxa se levantó de la cama al mismo tiempo que el sol. Habían pasado exactamente siete años desde que preparase el bizcocho de la risa.  —Iré a ver a Bezyx—. Se dijo. Aleranxa preparó galletas de la felicidad para que todos tuviesen un buen día. Hizo pocas y por eso ella no comió ninguna. Cuando su familia se despertó, desayunó y se fue al colegio. Metió su libro de cocina mágica en la mochila y cerró la puerta tras de sí. —Adiós, mamá. Aleranxa fue a el colegio y al volver a casa pasó por la tienda de Bezyx. —¡Hola, Aleranxa!—Dijo ella calurosamente. —¡Hola! ¿Qué tal estás? —Nada mal pero eso no importa. Es es séptimo año. —¿Y eso significa...? —No debes cocinar ninguna receta del libro. Cada siete años necesita reposo. Recuerda que es un libro mágico, tiene vida propia. Recuérdalo: no debes cocinar bajo ningún concepto. —¿Que podría pasar? —Imposible saberlo. Pero nada bueno. —Oh oh... —¡No me digas que cocinaste!  —Sí, galletas... —¡Oh no! Bueno, tal vez aún ...