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Mostrando entradas de mayo, 2020

Lucía

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Nota: Esta es una versión de "La niña que cayó del cielo'' contada desde los ojos de Jimena. Para quien no lo recuerde, Jimena era la chica que Lucía tenía que visitar cuando se cayó. He pensado que sería interesante saber qué pasó en las nubes.  La Cucaracha Val. Ese día, me desperté con el presentimiento de que algo malo iba a suceder. Sucedieron varias cosas. La primera fue que mi madre me llamó para desayunar. Cuando fui a la cocina, ella y Pablo ya estaban allí. —Hoy tenéis que ir a buscar a Lucía. En realidad, debería venir ella, pero es tan despistada que tal vez se pierde por el camino—. Dijo mi madre. Lucía era mi mejor amiga. Vivía en una nube cerca de la nuestra y nos veíamos a menudo. Pero era muy despistada. En fin, desayuné y me puse en camino. Pablo se quedó recogiendo. A decir verdad, tuve suerte, porque detesto recoger. Fui pensando en mis cosas hasta llegar al límite de la nube. Entonces, llamé a un pájaro. Tardó bastante. Debimos cruzarnos en el...

Sirenas en la luna

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      Martina era una sirena. Vivía en el fondo del mar con su familia y le gustaba salir por la mañana a la superficie.     Por la noche, Martina no podía salir. Su madre decía que la luna era peligrosa. Pero Martina era muy curiosa y quería ver la luna.  Una noche, Martina se escapó de casa y subió a la superficie. Por si acaso, se refugió en una pequeña cueva a la cual se podía acceder desde el agua. Desde allí pudo contemplar las estrellas, que eran como luces brillantes y también la luna. No ocurrió nada especial y por eso, Martina volvió a aquella cueva a contemplar la noche durante muchos días seguidos. Encontraba la luna fascinante. Unos días era redonda, otros parecía una C blanca y había días que desaparecía. Martina intentó también contar las estrellas y pronto observó que cambiaban constantemente de sitio. Durante los días estaba cansada pero intentaba disimularlo, porque quería mantener sus aventuras en secreto. Nunca salía a mar ab...

¿Hoy a qué vamos a jugar, Yaya?

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Iria era un niña muy mayor. Tenía un hermano pequeño llamado Hugo. Hugo era pequeño. Iria se peleaba mucho con Hugo y Hugo se enfadaba y lloraba. ¿Quién monta primero en el columpio? Iria, porque es mayor. Y entonces Hugo lloraba. O se enfadaba. Y así con todo.  Entonces vino la Yaya de visita. La Yaya era muy lista y vio que a veces Iria molestaba a Hugo y entonces Hugo molestaba a Iria. La Yaya pensaba quedarse solo unas semanas y luego volver pero entonces, se enteró de que no se podía salir de casa por el virus y tuvo que quedarse con Iria y Hugo.  Los dos niños jugaban con la Yaya porque ella siempre tenía una nueva actividad divertida planeada.  —¿Hoy a qué vamos a jugar, Yaya? —Preguntaba Iria todas las mañanas. —¿Hoy a qué vamos a jugar, Yaya?—Repetía Hugo. —Ahhh, ya lo veréis—. Decía siempre la Yaya. Esa mañana, los niños se despertaron muy pronto. —¡Es la fiesta de los niños locos!—Cantó Iria. —¡Es   la fiesta de los niños locos! —Cantó Hugo....

El parque de Héctor y Carlota

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Héctor y Carlota fueron tristes hasta el salón. Era una tarde soleada, pero no podían salir afuera.  —Ya no se puede salir—. Había explicado su padre durante la comida—. Sólo los mayores de catorce años.  —¿Los niños nada?  —No, nada.  Y por eso, estaban Héctor y su hermana pequeña Carlota tristes en el salón. Vivían en una casa grande pero sin jardín. Y gracias al Coronavirus, ya no podían ir al cole, ver a sus amigos o salir a la calle. Se habían mudado desde la ciudad tres meses atrás y no habían tenido tiempo de conocer el pueblo. Estaban tristes. De pronto, Héctor se levantó y dijo:  —Tengo una idea. Ven.  Carlota siguió a su hermano hasta el ático, donde estaban aún las cajas de cartón de la mudanza. —¿Qué idea?—preguntó la niña y Héctor se la susurró bajito.  Ambos fueron a buscar los materiales y al cabo de media hora se reunieron de nuevo en el ático. Los dos hermanos trabajaron durante dos semanas en su proyecto, hasta que, al final, ...

La niña que cayó del cielo

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Aquella mañana, Lucía se despertó contenta.  —Lucía, ven, tienes que despertarte.  —Vale, mamá. Pero espera. Estaba soñando algo. De pájaros. —Ven ya. Hoy tienes que ir a casa de Pablo y Jimena pronto.  —Voy.  Lucía se levantó y fue a casa de Pablo y Jimena. Ellos vivían en una nube un poco más allá y había que montar en pájaro para llegar. Lucía llamó a un pájaro.  Acudió una paloma y Lucía se subió. La paloma era muy mala y se colocó del revés. Lucía se cayó. —¡Ahhhhhh!—gritó. Pero como no sabía lo que iba a pasar decidió mirar y no hablar. Bajó despacio hasta que no hubo más nubes y se sintió mojada. Estaba viviendo la lluvia por primera vez. Pero pronto notó que dejaba de caer y algo duro. Un grupo de personas la rodeaba y decía:  —Sí, sí, del cielo.  —¿De un avión?¡No es posible! —¿Cómo te llamas, niña? Lucía los miraba incapaz de articular palabra. Había llegado a otro mundo. El suyo, su lugar estaba arriba. Miró a las nubes imaginándo...