El parque de Héctor y Carlota
Héctor y Carlota fueron tristes hasta el salón. Era una tarde soleada, pero no podían salir afuera.
—Ya no se puede salir—. Había explicado su padre durante la comida—. Sólo los mayores de catorce años.
—¿Los niños nada?
—No, nada.
Y por eso, estaban Héctor y su hermana pequeña Carlota tristes en el salón. Vivían en una casa grande pero sin jardín. Y gracias al Coronavirus, ya no podían ir al cole, ver a sus amigos o salir a la calle. Se habían mudado desde la ciudad tres meses atrás y no habían tenido tiempo de conocer el pueblo. Estaban tristes. De pronto, Héctor se levantó y dijo:
—Tengo una idea. Ven.
Carlota siguió a su hermano hasta el ático, donde estaban aún las cajas de cartón de la mudanza.
—¿Qué idea?—preguntó la niña y Héctor se la susurró bajito.
Ambos fueron a buscar los materiales y al cabo de media hora se reunieron de nuevo en el ático. Los dos hermanos trabajaron durante dos semanas en su proyecto, hasta que, al final, lo dieron por terminado. Héctor y Carlota contemplaron ahora el ático. Las cajas apiladas por todas partes, se habían convertido en un parque de cartón. El parque de Héctor y Carlota.
—Ya no se puede salir—. Había explicado su padre durante la comida—. Sólo los mayores de catorce años.
—¿Los niños nada?
—No, nada.
Y por eso, estaban Héctor y su hermana pequeña Carlota tristes en el salón. Vivían en una casa grande pero sin jardín. Y gracias al Coronavirus, ya no podían ir al cole, ver a sus amigos o salir a la calle. Se habían mudado desde la ciudad tres meses atrás y no habían tenido tiempo de conocer el pueblo. Estaban tristes. De pronto, Héctor se levantó y dijo:
—Tengo una idea. Ven.
Carlota siguió a su hermano hasta el ático, donde estaban aún las cajas de cartón de la mudanza.
—¿Qué idea?—preguntó la niña y Héctor se la susurró bajito.
Ambos fueron a buscar los materiales y al cabo de media hora se reunieron de nuevo en el ático. Los dos hermanos trabajaron durante dos semanas en su proyecto, hasta que, al final, lo dieron por terminado. Héctor y Carlota contemplaron ahora el ático. Las cajas apiladas por todas partes, se habían convertido en un parque de cartón. El parque de Héctor y Carlota.
FIN
Escrito por: La Cucaracha Val

Comentarios
Publicar un comentario