¿Hoy a qué vamos a jugar, Yaya?

Iria era un niña muy mayor. Tenía un hermano pequeño llamado Hugo. Hugo era pequeño. Iria
se peleaba mucho con Hugo y Hugo se enfadaba y lloraba. ¿Quién monta primero en el columpio? Iria, porque es mayor. Y entonces Hugo lloraba. O se enfadaba. Y así con todo. 
Entonces vino la Yaya de visita. La Yaya era muy lista y vio que a veces Iria molestaba a Hugo y entonces Hugo molestaba a Iria. La Yaya pensaba quedarse solo unas semanas y luego volver pero entonces, se enteró de que no se podía salir de casa por el virus y tuvo que quedarse con Iria y Hugo. 
Los dos niños jugaban con la Yaya porque ella siempre tenía una nueva actividad divertida planeada. 
—¿Hoy a qué vamos a jugar, Yaya?—Preguntaba Iria todas las mañanas.
—¿Hoy a qué vamos a jugar, Yaya?—Repetía Hugo.
—Ahhh, ya lo veréis—. Decía siempre la Yaya.
Esa mañana, los niños se despertaron muy pronto.
—¡Es la fiesta de los niños locos!—Cantó Iria.
—¡Es la fiesta de los niños locos!—Cantó Hugo.
La Yaya estaba preparando el desayuno y Papá y Mamá aún dormían.
—¿Hoy a qué vamos a jugar?—Preguntó Hugo
—¡Ehhh—dijo Iria empujando a su hermano—yo lo digo primero!¡Soy mayor!
—¡Iria!¡Has hecho daño a tu hermano!¡Pide perdón!—Dijo la Yaya enfadada.
—¡No!¡Soy mayor!
—Si no pides perdón, no vas a jugar hoy—. Contestó la Yaya.
—¡Pues vale!
Iria se fue enfadada pero luego pensó: «Tal vez debería pedir perdón. A mí tampoco me hubiese gustado que Hugo me empujase. Si Hugo me hubiese empujado, yo pensaría que él es malo. Pero yo le he empujado. ¿Soy mala? ¡Oh, no! ¡Soy mala!»
La niña corrió a la cocina. Todos desayunaban y su hermano pequeño tenía los ojos un poco rojos. Iria se sintió mal.
—Lo siento, Hugo. No debí empujarte. Soy mala. Antes eras pequeño, pero has crecido y eres mayor. Y también puedes decir todo lo que quieras. Prometo que no te voy a empujar más. Lo siento. ¿Me perdonas?—Dijo triste.
—Sí, Iria, te perdono. Pero no seas mala ¿vale?
Y Hugo e Iria se dieron un fuerte abrazo.
Desde entonces, Iria no ha vuelto a empujar a Hugo. Los dos hermanos se han dado cuenta, de que es mucho más divertido no empujarse, compartir y jugar juntos.
—¿Hoy a que vamos a jugar, Yaya?—Dice Hugo.
—¡Es la fiesta de los niños locos!—Dice Iria.
Y los dos niños juegan a guardar peluches con los pies, a dar cien saltos o a meter la cara en la harina, sin empujarse y sin pelear.


FIN

Escrito por: La Cucaracha Val

Comentarios

  1. Muy bien cucaracha, con este cuento los hermanos aprenderán que lo divertido y lo más importante para sentirse bien es compartir.

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