Sirenas en la luna


     Martina era una sirena. Vivía en el fondo del mar con su familia y le gustaba salir por la mañana a la superficie.
    Por la noche, Martina no podía salir. Su madre decía que la luna era peligrosa. Pero Martina era muy curiosa y quería ver la luna. 


Una noche, Martina se escapó de casa y subió a la superficie. Por si acaso, se refugió en una pequeña cueva a la cual se podía acceder desde el agua. Desde allí pudo contemplar las estrellas, que eran como luces brillantes y también la luna. No ocurrió nada especial y por eso, Martina volvió a aquella cueva a contemplar la noche durante muchos días seguidos.
Encontraba la luna fascinante. Unos días era redonda, otros parecía una C blanca y había días que desaparecía. Martina intentó también contar las estrellas y pronto observó que cambiaban constantemente de sitio.
Durante los días estaba cansada pero intentaba disimularlo, porque quería mantener sus aventuras en secreto.
Nunca salía a mar abierto, siempre se quedó en la cueva.


La tragedia ocurrió un día de luna decreciente, cuando la punta de la cola de Martina asomó sobre el agua. Ella no se dio cuenta y siguió nadando hasta la cueva. Cuando llegó, salió completamente del agua y se tumbó para observar el cielo.
En el momento en el que el mar dejó de estar en contacto con la sirena, ésta observó horrorizada, cómo su cola desaparecía dando paso a un par de piernas.

 
    Martina, asustada entró de nuevo en el agua. Su cola regresó. Hizo la prueba varias veces. Al perder el contacto con el agua, perdía su cola. Acababan de aparecer sus piernas por tercera vez cuando una mujer anciana entró en la cueva. ¡Ella también tenía piernas! Martina quiso incorporarse y andar como la mujer y, para su sorpresa, lo consiguió. La anciana habló en un idioma desconocido y Martina indicó por gestos que no entendía. La mujer asintió e indicó a Martina que la siguiera. Ella no tuvo más remedio.
La anciana se llamaba Julia y vivía sola en una casa pequeña de un pueblo pequeño. Dio a Martina cobijo, ropa y comida y ésta pronto aprendió que aquellos seres se llamaban humanos y no conocían la existencia de sirenas.
Martina, con ayuda de Julia, aprendió su lengua y sus costumbres y así vivió años.
Más tarde, volvió a su hogar bajo el mar para despedirse de su familia y prometió ir a visitarlos.
No volvió hasta que, siete años, después Julia murió en paz. Entonces, y solo entonces, Martina fue a vivir de nuevo a la ciudad bajo el mar.

Desde entonces, a todas las sirenas y tritones, se les da la opción de ser humanos.



FIN

Escrito por: La Cucaracha Val

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