El ingrediente mágico, parte dos: La casa

Aquel día, Aleranxa se levantó de la cama al mismo tiempo que el sol. Habían pasado exactamente siete años desde que preparase el bizcocho de la risa. 
—Iré a ver a Bezyx—. Se dijo.
Aleranxa preparó galletas de la felicidad para que todos tuviesen un buen día. Hizo pocas y por eso ella no comió ninguna.
Cuando su familia se despertó, desayunó y se fue al colegio. Metió su libro de cocina mágica en la mochila y cerró la puerta tras de sí.
—Adiós, mamá.
Aleranxa fue a el colegio y al volver a casa pasó por la tienda de Bezyx.
—¡Hola, Aleranxa!—Dijo ella calurosamente.
—¡Hola! ¿Qué tal estás?
—Nada mal pero eso no importa. Es es séptimo año.
—¿Y eso significa...?
—No debes cocinar ninguna receta del libro. Cada siete años necesita reposo. Recuerda que es un libro mágico, tiene vida propia. Recuérdalo: no debes cocinar bajo ningún concepto.
—¿Que podría pasar?
—Imposible saberlo. Pero nada bueno.
—Oh oh...
—¡No me digas que cocinaste! 
—Sí, galletas...
—¡Oh no! Bueno, tal vez aún no sea demasiado tarde. ¡A tu casa, rápido!
Bezyx y Aleranxa cerraron la tienda y corrieron hasta la casa de Aleranxa. Pero... No estaba.
—¿Qué...?—Dijo Aleranxa sorprendida y confundida.
—Tu casa ha desaparecido. NO ABRAS EL LIBRO. Tengo un par de recetas extra. A lo mejor alguna nos ayuda. Vamos a la tienda.
Las dos se dirigieron a la tienda de nuevo.
—Aquí—. Dijo Bezyx—. Caramelo buscador.
Juntas prepararon la receta y extendieron el caramelo por dos manzanas rojas. 
—A la de tres—. Dijo Aleranxa.
—Una, dos y tres—. Contaron ambas y pegaron un gran mordisco a la manzana.
—¡QUIERO ENCONTRAR MI CASA!— Gritó Aleranxa.
Bezyx olfateó como un lobo y dijo:
—Por aquí, lo huelo.
Juntas corrieron y corrieron durante horas.
Llegaron a un bosque muy frondoso. En medio, estaba la casa que buscaban. Aleranxa entró.
¡Hala!—. Se le escapó.
En el interior estaba toda su familia, abuela incluida, flotando y dormida.
Hay que devolver la casa a su sitio y despertar a mi familia—. Dijo Aleranxa cuando salió.
—Tengo cacao teletransportador—. Dijo Bezyx—. Solo no sabrá muy bien, pero funcionará. Hay que ver si funciona con las casas. Cuando lo tengas en tu boca, visualiza el lugar al que quieres ir y toca la casa.
—Entendido.
¡Funcionó! A los pocos segundos, estaban las dos y la casa con ellas. 
Pero la familia de la niña seguía dormida.
Bezyx puso azúcar glas en la entrada de la casa y dijo:
—Dentro de veinticuatro horas se despertarán.
—¿Y qué hago yo mientras tanto?
—Puedes quedarte en la tienda, conmigo.
Veinticuatro horas después, Aleranxa volvió a su casa.
—¿Qué tal el colegio, hija? —Preguntó su madre. No se había enterado de nada.
—Bien.
Aleranxa subió a su habitación y vació su mochila. El libro de cocina mágica ya no estaba.
Aleranxa sonrió y se dispuso a vivir su vida como siete años atrás.


FIN

Escrito por: La Cucaracha Val

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