Hermana gemela


Sylvia era una niña morena y muy simpática. Por donde pasaba se llevaba la tristeza y traía alegría y muchas sonrisas. Vivía en una casita en mitad del bosque con sus padres. Le gustaba mucho. Era muy tranquilo y no había casi ruido. Excepto cuando venía alguien a explorar el bosque. Entonces, Sylvia les guiaba y les enseñaba los tipos de plantas y animales que había en su bosque. También disfrutaba clasificando los grupos por niveles de ruido: familia con niños, medio; pareja, poco; observadores de animales, nada; grupos de turistas, bastante y adolescentes, un montón. Le gustaba su bosque sin personas, el aire que se respiraba, las estrellas que brillaban por la noche... No le hubiese importado vivir así para siempre. No le gustaban demasiado los cambios. Pero una lluviosa tarde, vivió un gran cambio. Aunque le gustó bastante.

Era una tarde hermosa de mayo, y en la casita del bosque se celebraba un gran acontecimiento. Una fiesta, una alegre celebración: el cumpleaños de Sylvia. Toda la familia estaba presente: abuelos, tíos, primos...
—Cumpleaños feliz, cumpleaños feliz...
Cuando acabó la canción, la niña sopló fuertemente las velas: once años. 
—¡Felicidades!
Un sobre y un paquete estaban en la mesa de los regalos. Sylvia no esperaba nada. Tan solo había pedido una alegre celebración. La niña los cogió intrigada. El paquete contenía una caja de pinturas y un bloc de dibujo.  El sobre contenía una nota:

Lunes,12 de marzo de 2018
Querida Sylvia,
Feliz cumpleaños. Sé que cuando leas esta carta, yo no estaré a tu lado. Por eso, quiero regalarte algo. Es para que lo disfrutes. Puedes dibujar, que es lo que haría todo el mundo. Pero también puedes hacer trozos muy pequeños con las ceras y meterlos en un bote de decoración y lanzar aviones de papel por la torre más alta de la iglesia la próxima vez que vayas a la ciudad, que es lo que haría yo. Por otra parte, quiero pedirte dos cosas. La primera, es que cuando veas mi regalo te acuerdes de mí, de que sigo en tu corazón. Lo segundo, es que mientras lo utilices, recuerdes que siempre hay más de una manera de ver las cosas, siempre. 
Un beso y mucho amor de,
Tu abuela.

Sylvia contempló con nostalgia la carta y el regalo. Su abuela había muerto un día después de escribir aquella carta, el martes 13 de marzo se 2018. Pero incluso dos meses después, el 14 de mayo, su recuerdo dolía un poco. Pero su abuela seguía viva, viva en su corazón, en sus recuerdos, en los momentos felices que había vivido junto a ella. 
—Sylvia, ¿vienes?—Preguntó uno de sus primos y ella sonrió y se unió a la fiesta tras dejar su regalo a buen recaudo.
Aquella noche, Sylvia durmió tranquila, y en su sueño revivió los momentos felices que había vivido junto a su abuela. Por eso, al día siguiente, se despertó llena de energía y dispuesta a afrontar cualquier cosa. Aun así, era un día lluvioso y gris.
—¡Buenos días!
Después de desayunar, fue a dar un paseo bajo la lluvia. Cuando llevaba media hora caminando, escuchó unas voces pero no llegó a entender lo que decían. Corrió en dirección al sonido. Un grupo de personas rodeaba a una niña idéntica a ella. Todo era igual, no había ninguna diferencia.
—Soy Lucía—dijo la niña con voz temblorosa.
Sylvia notó que estaba asustada y, luciendo su gran sonrisa, se deslizó por las piernas de la gente hasta llegar al centro del círculo.
—¡Lucía! ¿Estás bien?—Dijo mirando a la niña y luego se dirigió al resto de personas—. No os preocupéis, es mi hermana gemela. Debe haberse perdido. Vivimos aquí. 
La mayoría se fue, pero algunos protestaron.
—¡Esa niña ha caído del cielo! ¿Cómo explicas eso?
Sylvia sonrió para darse tiempo a pensar.
—¡Del cielo! Vaya fallo. Debe de haberse caído de un árbol o algo así. Le gusta trepar.
Las personas que quedaban se marcharon preguntándose cómo habían sido tan estúpidos.
—Gracias por ayudarme—dijo la niña tímidamente—. ¿Dónde estoy?
—Este es mi bosque. Bienvenida. ¿Dónde vives?
Lucía señaló a las nubes.
—Allí. Me he caído. Soy muy despistada. 
—Entonces es verdad que vienes del cielo. ¿Cómo eso?
Lucía explicó su historia, pero ya la conocemos [Para quien no haya leído otros cuentos que pinche aquí, donde está el cuento de la historia de Lucía o aquí, para leer la historia paralela. La Cuc. Val]. 
—Entonces necesitarás una familia—dijo Sylvia tras escuchar el relato—. ¿Quieres ser mi hermana gemela?
—¡Sí!
Y Sylvia y Lucía vivieron juntas en la casita en el campo con sus padres y como hermanas, regalando sonrisas y alegría, como la suya.

Nota: Para quien aún no se haya dado cuenta, este es un relato partiendo de La niña que cayó del cielo. No dudéis en que será continuado.
La Cucaracha Val.






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